Una ida y una vuelta

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Un libro de 300 páginas para la producción de tres cintas de aproximadamente 180 minutos cada una, en la opinión de varios críticos de cine y fanáticos puristas de Tolkien, es una cuestión netamente comercial, en pro de la cual se estiró una buena historia para sacarle todo el provecho y beneficiar a la franquicia y por su puesto a la producción.

Sin embargo, la gran cantidad de historias y situaciones planteadas en otras publicaciones y anotaciones no publicadas de J.R.R. Tolkien que giran en torno a la trama de El Hobbit, válidas para la construcción del guion de la última saga, le dieron al realizador Peter Jackson fundamentos para sustentar el plot.

De entrada el manejo de la historia fue evidentemente distinto al de la saga de El Señor de los Anillos (ESDLA), realizada también por Peter Jackson en el 2001. La franquicia conocedora del potencial comercial de la historia de El Hobbit sobre la trilogía ESDLA, cuyo carácter infantil, lenguaje simple, situaciones chuscas, describe con menos detalle los lugares del viaje y se inclina por lo narrativo;  de cierta forma más sencilla de adaptar para para el público en general y no únicamente fanáticos y conocedores incorporando los nuevos avances en tecnologías de rodaje tridimensional (48fps). Las cintas comúnmente son grabadas a 24 cuadros por segundo, y lucen muy bien al ser presentadas en sala, pero cuando son proyectadas en formato 3D, la calidad de las imágenes en secuencia disminuye. Para solucionarlo,  la última trilogía del director fue completamente filmada a 48 cuadros por segundo; bajo este método de captura de secuencias se proporciona una altísima definición debido a la fluidez con que se presentan los fotogramas.

Las opiniones de los profesionales que vieron la primera cinta de la trilogía (El Hobbit: Un Viaje Inesperado), no fueron del todo buenas; los críticos coincidieron en que la proyección de esta película a 48 fotogramas por segundo, causaba la extraña sensación de que todo en pantalla se movía más rápido de lo normal. Esto generó debate entre quienes consideraron dar beneficio de la duda a esta nueva tecnología vaticinando que era cuestión tiempo adaptarse a ella; y aquellos que fueron totalmente duros con el formato en que se presentó el filme.

Se percibió un reemplazo de los detalles artesanales de la primera saga (ESDLA), por los efectos especiales y el 3D en las tres entregas de El Hobbit, esto representó para los fanáticos, perdida del respeto y cuidado a la obra de Tolkien que sí hubo en las primeras tres cintas, aun cuando estamos conscientes de que El Hobbit es un libro que propiciaba por su contenido una adaptación divertida y de carácter un poco más comercial. Para hacer una crítica al filme hay que entenderlo como lo que es: Una adaptación cinematográfica de la obra de Tolkien y por consiguiente, lo que se muestra en la pantalla son las visiones del director y los guionistas.

La introducción de nuevos personajes, como la elfo del bosque (Tauriel), fue por supuesto motivo de polémica por los puristas de Tolkien. Sin embargo, es ambiguo calificar una adaptación con base en los personajes del original que haya presentado y los que no aparecen en el filme.

Adaptar una obra es escribir sobre la trama una versión para ser proyectada en dos o tres horas, con lo sustancial de la misma, sin interpretar esto como un resumen. Esto último dependerá de la capacidad del director para explotar el talento de los actores e  hilar los sucesos de la trama en el libro.

La saga de El Hobbit deja la sensación de un trabajo visualmente bien realizado, con  actores que encarnaron perfecto a los personajes del libro, aunque en algunos casos por el tratamiento de los mismos, parecieron prescindibles. En la entrega final, algunos recursos como la inclusión de los “cometierra”, resultó totalmente anacrónica a la Tierra Media. Otro detalle negativo, es el poco peso dramático en el personaje de Bilbo ante la muerte de Thorin. Por lo demás, no parece una trama estirada, se utilizó bien el material escrito por J.R.R. Tolkien, complementario a la historia de El Hobbit.

Hacer un producto audiovisual, a pesar de que el tiempo en pantalla limita la aparición de personajes y fragmentos del original, también ofrece, gracias a la simultaneidad característica del séptimo arte, la posibilidad de decir-mostrar varias emociones, perspectivas y situaciones del original.

Una buena adaptación es fiel al espíritu de la obra; si la sensación al final de las cintas es similar a la que experimentamos después de leer los libros, estamos ante una.

@CintleK

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