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Star Wars: Tres momentos

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«El cristal es el corazón de la espada.
El corazón es el cristal del Jedi.
El Jedi es el cristal de la Fuerza.
La Fuerza es la espada del corazón.
Todo está conectado.
El cristal, la espada, el Jedi.
Todos son uno.»

Luminara Unduli

La tercera trilogía de esta saga estelar, ha sido recibida con críticas bastante favorables y aunque hay algunos detractores, las opiniones de críticos y fanáticos se centran en la forma que este nuevo Episodio VII: The Force Awakens, ha terminado con lo insípido y letárgico de las últimas producciones (a excepción del Episodio III: Revenge of the Sith) y ha dejado a todos expectantes por las nuevas entregas.

La cinta manifiesta un respeto sobrio y auténtico al universo y a la idea original, sin solemnidad ni exageraciones. En efecto hay guiños recurrentes, escenas que homenajean a las cintas originales, sin embargo, estos se justifican en la necesidad de crear un vínculo entre lo primigenio y lo reciente para introducir los nuevos caracteres.

J.J. Abrams trabajó las deficiencias de los filmes anteriores.

Es evidente una construcción más sólida de personajes, además de un acertado proceso de casting puesto en manifiesto, que favoreció la compenetración de cada actor con su rol respectivo y acorde a la necesidad de reivindicar esta odisea galáctica; lo anterior se traduce en actuaciones genuinas, frescas y dinámicas, que facilitan la empatía de la audiencia con los conflictos internos de cada personaje. De ahí que los close up al rostro protagónico-antagónico sean más recurrentes y funcionen mejor en esta entrega. Mientras tanto la trama permanece enérgica en todo momento, un punto favorable para mantener el interés de quienes no están tan familiarizados con el universo.

Visualmente es más estética, se explotaron apropiadamente los escenarios naturales favoreciendo la fotografía del filme a cargo de Daniel Mindel, brindando realismo y equilibrando el uso (inevitable en este tipo de cintas) de fondos virtuales.

El filme tiene un balance que es difícil conseguir en este género cinematográfico y que Abrams ha sabido lograr.

Es indiscutible que el contexto temporal influyó de manera circunstancial en la filmación de este reconocido exponente del space western, a nivel tecnológico, por ejemplo, la primera trilogía en 1977 y la segunda en 1999,  presentan grandes diferencias en efectos y animación entre ellas y respecto a la más reciente, acorde a las herramientas con las que se contaba en una época y otra; a nivel narrativo, hay que considerar que aunque cada director tiene su sello, siempre hay una tendencia en cada época respecto al modo en que se desarrollan la narrativa y la técnica cinematográfica (los ángulos, la estructura,etc.) Sin embargo hay también elementos y situaciones premeditadas.

1977-1983

La obertura que en la línea temporal de Star Wars, sería la parte media de la historia (Episodios IV: A New Hope, Episodio V:  The Empire Strikes Back, Episodo VI:  Return of the Jedi) era quizá lo más sensato de rodar en aquel entonces independientemente de que éste fragmento de la historia fuera lo que George Lucas  tenía escrito en 1977. Con las herramientas cinematográficas de entonces, era más fácil presentar un escenario menguado y polvoso, reflejado en las maquinas, utensilios, vestimenta que aunque  futurista, dejan entre ver un periodo anterior de esplendor.

La relación entre los personajes es accidental, aunque hay atisbos o referencias a la predestinación y a un orden metafísico- espiritual que en estos episodios, había sido relegado socialmente por la ausencia de un grupo que resguardase los códigos filosóficos y morales, como en su momento fueron los  desaparecidos caballeros Jedi, sin embargo la idea se mantiene vívida en la  de los dos únicos sobrevivientes.

La tendencia a los planos generales y medios en esta trilogía, refleja la prioridad al contexto: los acontecimientos bélico-sociales a nivel galaxia, a las acciones de los protagonistas; pero conocemos poco de la situación interna de los personajes. Es decir, los conocemos de manera superficial y los acercamientos son poco frecuentes; lo anterior no es malo, considerando las intenciones del director y las necesidades de la historia.

En la mente de George Lucas se gestó un universo de viajes intergalácticos, relaciones comerciales interplanetarias, luchas sociales, cuyo eje de equilibrio es La Fuerza: energía que mantiene conectadas todas las cosas que hay en el universo y que puede ser utilizada y manejada solo por algunos seres vivos sensibles a ella. Todos estos elementos convergieron en la primera trilogía de Star Wars.

1999-2005

 El tratamiento de la historia fue distinto, pues se dio prioridad a los efectos digitales, a exhibir la calidad de estos para que el ambiente de esplendor fuera evidente incluso  por encima de las actuaciones. A pesar de que la construcción de los personajes fue bastante buena, la dirección actoral no logró que la interpretación de los principales papeles llegara a ser por lo menos cumplidora, por lo que en pantalla todo luce rígido.

La trilogía, es a nosotros lo que la mitología griega: una historia lejana, emocionalmente simplificada y cargada de solemnidad en las relaciones interpersonales; un giro distinto al de la primera trilogía, pero que sin duda estaba planeado así por Lucas para dotar de magnificencia el origen de la figura antagónica más relevante de todo el universo Star Wars.

Los episodios I: The Phantom Menace, II: Attack of the Clones y III: Revenge of the Sith, dan contexto, detallando las situaciones políticas que desencadenan los sucesos y disensión de bloques que se desarrollan en los episodios IV, V y VI.

2015

La era de los conflictos internos y las disonancias cognitivas se había inaugurado desde el Episodio VI: Return of the Jedi, en el que un determinado Luke Skywalker enfrenta su origen para redimir- reivindicar el equilibrio perdido y concretar su destino. El filme hace evidente que Luke tiene bastante control sobre sus emociones y nunca entra en conflicto serio consigo mismo, pero no es el caso de Darth Vader, que en confrontación se muestra inseguro y dubitativo respecto al curso seguido. Es el preludio para el constantemente abrumado e impetuoso Anakin Skywalker que vimos en los episodios II y III, en conflicto continuo  y aquejado por los apegos emocionales inusuales en el camino del Jedi.  Hay que decirlo, en el episodio VI sabemos a medias del estado emocional a través de los diálogos y no por la interpretación de los actores en sí, al no ser prioritaria la exploración a profundidad de la psique. Mientras  que en el episodio III: The Revenge of the Sith, Anakin  deja muy claro lo que sucede en su interior, aunque con una actuación que,  relegada por otros intereses fílmicos, se nota forzada y poco natural, producto de una dirección actoral deficiente.

Finalmente estamos ante el Episodio VII: The Force Awakens, y respecto a la psique de los personajes, que se ha vuelto más compleja desde 2005,  este episodio representa  la gloriosa vinculación del intérprete  con su papel, el conflicto emocional, argumento, orígenes y contexto.

Un balance perfecto: Trama que mantiene el ritmo, actuaciones verosímiles y profundas dentro un esquema basado en la historia original, pero cuidadosamente trazado que elimina las carencias de sus predecesoras.

Cada producción responde a una necesidad diferente: En las cintas de 1977-1983 era presentar a la audiencia la historia de ciencia ficción creada por Lucas, dar los argumentos base de todas las cintas,  el conflicto galáctico y la introducción a los personajes que enlazan las tres trilogías. Por esto, los episodios de obertura se tornan sociales (luchas, resistencia, estrategias bélicas, etc.)

En los episodios de 1999-2005 había que contar el pasado referenciado, explicando el origen de la situación conflictiva intergaláctica y los sucesos que desencadenaron, a la vez, se complejizan los personajes en una construcción a profundidad.

Por último en 2015 el objetivo es seguir a los personajes en el cumplimiento de su destino, la tarea de restablecer el equilibrio en la Fuerza que queda inconclusa en el episodio VI. Aunque en el reciente Episodio VII se presentan batallas y referencias al pasado, prevalece en la trama una carga existencial e ideológica sin precedentes en la Saga.

Cada uno de los momentos tiene aportaciones únicas e irrepetibles a la historia general, es decir ningún episodio brinda a la audiencia lo mismo que otro. Puede que a criterio propio alguna de las cintas presente mejor calidad narrativa, mejores efectos visuales, actuaciones memorables o sencillamente tenga nuestro favor entrañable, es indudable al verlas que ninguna parece fuera de contexto,  todas están unidas por una misma fuerza a un solo universo: Star Wars.

@CintleK

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Turbo Kid

Turbo Kid

Nostalgia, andar en bicicleta y cerrar los ojos. Soy modelo 85. 

No hay autos, los motores son piernas y llantas bien infladas, quizás es más lógico en un apocalipsis que transita por 1997, ¿quién produciría la gasolina? Habría que preguntarle a Mad Max. Ciencia ficción, comedia negra y psicoanálisis, los cómics son increíbles, ¿por qué somos tan serios con algo para niños? acaso, ¿el futbol no lo es?

Se escucha aquel house, sonido gamer primitivo de la generación BMX, house de la memoria. Imposible pensar en Daft Punk, poco a poco la duda abre la posibilidad de que algo bueno está sonando en Quebec: Le Matos con el single “No Tomorrow”. La portada del mismo, sin duda estará en muchas habitaciones.

La añoranza de los buenos tiempos, tiempos lentos para mirar a los ojos, antes de la llegada de urgencia de lo inmediato en este siglo.

Los directores Anouk Whissell Whissell, François Simard y Yoann-Karl a través de la nostalgia, expresan el eco contemporáneo de la milenaria dualidad en el ser humano y su reproche-gratitud a su creador, amor y odio, hechos a imagen y semejanza.

Turbo Kid, el lenguaje nos sitúa en el tiempo, solo los niños alcanzan velocidades “turbo”. Y los que hemos sobrevivido.

@Librero18

Mommy

Mommy

La conciencia no me basta

No me basta

La paciencia se me acaba

Se me acaba

Tu luz, Azul violeta

La película del director Xavier Dolan, es la otra cara de lo cotidiano; la realidad que llega a la memoria antes de dormir.

Un obra muy local, temáticamente universal, la música: gran mezcla con denominación de origen. También su francés, no tan francés.

Y pienso en México, en mi madre, ¡en la madre! En la madre esperando en aquella sala incómoda de un hospital, sola (esfuerzo delicado).

TDHA:

  • Trastorno ¿cerebro?
  • Déficit ¿economía?
  • Atención ¿servicio al cliente?
  • Hiperactividad ¿energía?

La mente se satura de imágenes.

Mientras en la pantalla un hijo de su cansada madre, maldice con fluidez y patea con la fuerza hormonal de un puto coraje de la chingada, es inevitable recordar al hijo de todos. Al mío. A mí.

TDHA, con la sabiduría de Google, entiendo que los átomos del paciente, ironía, siempre andan “chidos” y que esta nueva droga, es, según mi análisis, una de las consecuencias de nuestra urgencia por el pasmo del instante. Ocupados en los saberes del mundo, olvidamos el nuestro, porque aquellos menesteres abonan la TDC:

  • Tarjeta ¿roja?
  • De ¿del verbo dar?
  • Crédito ¿para cuántas vidas?

Al final solo queda espacio para el sonido.

TDHA:

 ¡Liberté! ¡Liberté!

@Librero18

Una ida y una vuelta

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Un libro de 300 páginas para la producción de tres cintas de aproximadamente 180 minutos cada una, en la opinión de varios críticos de cine y fanáticos puristas de Tolkien, es una cuestión netamente comercial, en pro de la cual se estiró una buena historia para sacarle todo el provecho y beneficiar a la franquicia y por su puesto a la producción.

Sin embargo, la gran cantidad de historias y situaciones planteadas en otras publicaciones y anotaciones no publicadas de J.R.R. Tolkien que giran en torno a la trama de El Hobbit, válidas para la construcción del guion de la última saga, le dieron al realizador Peter Jackson fundamentos para sustentar el plot.

De entrada el manejo de la historia fue evidentemente distinto al de la saga de El Señor de los Anillos (ESDLA), realizada también por Peter Jackson en el 2001. La franquicia conocedora del potencial comercial de la historia de El Hobbit sobre la trilogía ESDLA, cuyo carácter infantil, lenguaje simple, situaciones chuscas, describe con menos detalle los lugares del viaje y se inclina por lo narrativo;  de cierta forma más sencilla de adaptar para para el público en general y no únicamente fanáticos y conocedores incorporando los nuevos avances en tecnologías de rodaje tridimensional (48fps). Las cintas comúnmente son grabadas a 24 cuadros por segundo, y lucen muy bien al ser presentadas en sala, pero cuando son proyectadas en formato 3D, la calidad de las imágenes en secuencia disminuye. Para solucionarlo,  la última trilogía del director fue completamente filmada a 48 cuadros por segundo; bajo este método de captura de secuencias se proporciona una altísima definición debido a la fluidez con que se presentan los fotogramas.

Las opiniones de los profesionales que vieron la primera cinta de la trilogía (El Hobbit: Un Viaje Inesperado), no fueron del todo buenas; los críticos coincidieron en que la proyección de esta película a 48 fotogramas por segundo, causaba la extraña sensación de que todo en pantalla se movía más rápido de lo normal. Esto generó debate entre quienes consideraron dar beneficio de la duda a esta nueva tecnología vaticinando que era cuestión tiempo adaptarse a ella; y aquellos que fueron totalmente duros con el formato en que se presentó el filme.

Se percibió un reemplazo de los detalles artesanales de la primera saga (ESDLA), por los efectos especiales y el 3D en las tres entregas de El Hobbit, esto representó para los fanáticos, perdida del respeto y cuidado a la obra de Tolkien que sí hubo en las primeras tres cintas, aun cuando estamos conscientes de que El Hobbit es un libro que propiciaba por su contenido una adaptación divertida y de carácter un poco más comercial. Para hacer una crítica al filme hay que entenderlo como lo que es: Una adaptación cinematográfica de la obra de Tolkien y por consiguiente, lo que se muestra en la pantalla son las visiones del director y los guionistas.

La introducción de nuevos personajes, como la elfo del bosque (Tauriel), fue por supuesto motivo de polémica por los puristas de Tolkien. Sin embargo, es ambiguo calificar una adaptación con base en los personajes del original que haya presentado y los que no aparecen en el filme.

Adaptar una obra es escribir sobre la trama una versión para ser proyectada en dos o tres horas, con lo sustancial de la misma, sin interpretar esto como un resumen. Esto último dependerá de la capacidad del director para explotar el talento de los actores e  hilar los sucesos de la trama en el libro.

La saga de El Hobbit deja la sensación de un trabajo visualmente bien realizado, con  actores que encarnaron perfecto a los personajes del libro, aunque en algunos casos por el tratamiento de los mismos, parecieron prescindibles. En la entrega final, algunos recursos como la inclusión de los “cometierra”, resultó totalmente anacrónica a la Tierra Media. Otro detalle negativo, es el poco peso dramático en el personaje de Bilbo ante la muerte de Thorin. Por lo demás, no parece una trama estirada, se utilizó bien el material escrito por J.R.R. Tolkien, complementario a la historia de El Hobbit.

Hacer un producto audiovisual, a pesar de que el tiempo en pantalla limita la aparición de personajes y fragmentos del original, también ofrece, gracias a la simultaneidad característica del séptimo arte, la posibilidad de decir-mostrar varias emociones, perspectivas y situaciones del original.

Una buena adaptación es fiel al espíritu de la obra; si la sensación al final de las cintas es similar a la que experimentamos después de leer los libros, estamos ante una.

@CintleK

Only Lovers Left Alive

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Un infinito caracol nos envuelve en su espiral hacia rostros pálidos, el rojo prevalece en los contornos de cada giro: ya somos parte de las fotografías del momento.

Despiertan al sueño, al mundo de los “zombies”, de lo que muere.

Eve (Tilda Swinton), transformada nuevamente, cambia su cuerpo, intacta la esencia; inmóvil en la presencia de sus libros, renace . Transparente, su cuerpo es unidad de todas las formas.

Adam (Tom Hiddlestone), en un reflejo facsímil, también nace de un espasmo de eternidad. Sus manos disfrutan la sensación del desprendimiento; no existe, no está.

La recuperación del instante, ha sido el inicio de Only Lovers Left Alive de Jim Jarmusch.

Ahora todo se mueve a través de la música (belleza) de Sqürl con sus guitarras descompuestas, loops, acordes en trance y “sonidos fantástimaginarios” en The Taste of Blood y Funnel of Love.

Después, como si cada momento de la película no bastara para recordarse, aparece Yasmine Hamdan. Y la voz se convierte en el espacio donde solo los amantes sobreviven.

http://soundcloud.com/alltomorrowsparties/jozef-van-wissem-sq-rl-the

@Librero18